martes, 2 de septiembre de 2008

Libertador de cuarentonas me llaman

Otro día atrapada, otro día de limpieza, cocina, televisión y ventana. Labores que hacia tiempo que estaba descuidando y actividades lúdicas que nunca le fueron lúdicas.

Se acercaba a los 40 años, no la atormentaba, no se paraba a pensarlo, de hecho hacia tiempo que no se paraba a pensar en nada de eso, a pesar de su edad, su cuerpo y su rostro aun conservaban cierto atractivo, oculto tras mucho tiempo descuidándose.
Era otra tarde de sábado, limpiar y preparar el pollo de costumbre para su marido, su ausente marido con el que apenas hablaba, aunque últimamente ella dudaba que supiese hablar, ya solo gritaba bajo su uniforme de pantalón vaquero y camisa de tirantes ocultando la barriga cervecera recién aparecida y en la cama seguía sin enseñarla lo que era un orgasmo. A las cinco el bajaría a ver el fútbol, no aparecería hasta tarde después de su visita, mas que conocida por ella, al Club Luxurius, pero esta vez ella no haría lo de siempre…

Sus planes eran esos, tumbarse en el sofá y aburrirse de ver la TV y llorar recordando como abandono su ciudad y su juventud por un prototipo de machista que por aquellos años se ocultaba en un joven trabajador y atento. Pero no, esa tarde no seria así, esa tarde le tenía un plan alternativo preparado.

A eso de las seis de la tarde sonó el timbre, al otro lado de la puerta apareció un joven de unos 20 años cálculo ella. ¿Vive aquí Juan Costa Ruiz? pregunto el joven mientras leída el mencionado nombre en su mano y sus ojos se iban irremediablemente al escote de ella. Ella no conocía a nadie por ese nombre, pero mientras se aguantaba la risa de satisfacción y cierta vergüenza de ver como la miraba el joven le invito a pasar, nada mas cruzar la puerta ella agarro sus manos y las puso en sus pechos. Ese día ella descubrió lo que era un orgasmo, lo que eran varios orgasmos y que hay hombres capaces de encontrar un clítoris aunque su cónyuge la había hecho pensar que no tendría dado a los vanos intentos de este…

Pero no fue el sexo con el joven lo que hizo que cambiara su vida desde esa tarde, fue la posterior conversación con este, aromatizada por la marihuana y las risas, hablaron de literatura, música, cine… todas sus antiguas pasiones acrecentadas e idealizadas en la voz de aquel joven que la hizo recordar quien era, esa chica deseosa de hacerse periodista, independiente, libre.

Esa misma noche no durmió en casa, esa ni las posteriores el resto de su vida, se fue agarro su dinero ahorrado y voló. No se donde fue, ni donde esta ahora ni cual era su plan, ya que después de aquellos polvos y esas horas de conversación no la volví a ver, a veces sigue siendo la dueña de mis masturbaciones, de hecho me decidí a escribir su pequeña historia tras una de ellas. Acabo de descubrir uno de mis secretos de juventud, secreto por el cual aun me entra cierta risa al cruzarme con el cornudo abandonado del marido incapaz de encontrar un clítoris en una cabaña llena de vaginas.

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Basura de mi cabeza

Mi basura


Necesitaba un sitio donde sacar la basura de mi mente, con la esperanza de hacer hueco a algo interesante que valga la pena. Las esperanzas no son muchas... no deseo que esto lo lea nadie, simplemente es mi papelera y posiblemente meta la mano en ella para sacar alguna idea en el futuro.

Quizas un objetivo sea que se convierta en una caja llena de valiosos textos y fotos explendidas guardada en una buardilla, debajo de las cintas VHS porno de mi padre y justo al lado de la botella de Whisky del caro que esconde el abuelo y bebe a escondidas mientras fuma uno de sus puros prohibidos.

En cualquier caso, espero que me sea útil a mi y a cualquiera que se atreva a leer o a mirar en mi basura.

Charles Moodyum